viernes, 23 de diciembre de 2016

1987-REVISTA OFICIAL "Los Carnavales de antaño en nuestra ciudad"

CARNAVAL HUELVA / CARNAVAL COLOMBINO "Por Blas Miguel Hernández"

Una diversión varias veces milenaria como la de disfrazarse, cambiando con ello la personalidad externa, lógicamente tiene que subsistir:

A pesar de que cualquier diccionario dice que la palabra Carnaval procede del italiano "carnavale", que viene a su vez del latín "carne lavare", es decir, levantar la carne, prohibir la carne, empezar la abstinencia. Nestor Luján encuentra más lógico el nombre tradicional castellano, y que carnestolendas, que aparece por primera vez en el siglo XIII y que viene de la frase latina "domenica ante carnes tolendas", es decir, el domingo antes de quitar las carnes, al que precede al miércoles de Cenizas antes de la Cuaresma.

Históricamente hablando, la época de plata carnavalesca tiene lugar en la Edad Media, siendo superados aquellos festejos por los efectuados en el Renacimiento, que es cuando el Carnaval alcanza su máximo esplendor.

Fijándonos en nuestro siglo, existe en las ciudades alemanas, en Niza (festejos ornamentales) y sobre todo en Río de Janeiro donde es una explosión de júbilo popular, espontáneo y fascinadora, agobiante y a la vez renaciendo a todas horas. ¿Y en España? Han llegado a nuestros días y se mantienen incluso con mayor auge la celebridad de los de Cádiz, Isla Cristina, Ayamonte y Tenerife. Estos carnavales han tomado consistencia por ser los únicos permitidos, ya que en 1939 se prohibieron los carnavales en nuestro país pero en esos puntos citados los mantuvieron contra viento y marea.

En España hay dos formas de concebir el Carnaval: con la sofisticación que tienen en Tenerife (el lujo se observa hasta en los mínimos detalles), y con la gracia andaluza que suple el citado lujo mediante tanguillos, pasodobles, etc. que portando letras picantes causan la hilaridad del oyente.

Chauvinismo aparte, se podría decir que uno de los mejores carnavales del país, hasta el año 1936, lo teníamos en la ciudad del Tinto y el Odiel. Yo diría que en este aspecto, primero HUelva y provincia, Cádiz y Tenerife, después nadie y luego... el resto, eso sí, encabezados por los de Las Palamas y Madrid.

Antecedentes, sin profundizar demasiado en la historia local, lo tenemos en 1903. Ese año vino a Huelva el Orfeón sevillano, para tomar parte en un concurso de orfeones que se debía celebrar en el Teatro Colón; la falta de competidores, le obligó a actuar solo. Lo dirigía el maestro Enrique Torner.
Se celebró una fiesta de Carnaval y al concurso de comparsa de presentaron los que se titulaban "Los Palmitos" y "Los Ciegos"; esta última era conocida popularmente por "La Murga del Platero". El primer premio lo ganó una estudiantina titulada "Tuna onubense".

El maestro Toner se quedó ensimismado con las voces de las tres comparsas y con ella compuso una nueva masa coral que, en reñida competencia con el Orfeón sevillano, ganó el primer premio en el concurso organizado por la Asociación de Caridad que presidía Rafael López, en el Carnaval de 1904.

Las canciones que dieron el triunfo a esta masa coral frente al Orfeón sevillan, dirigido por el maestro Barranco, fueron "Himno a la patria", "Los hebreos cuativos" y "Redención". La primera y la última eran originales de Manuel Siurot y la música del maestro Toner. La segunda era una bella jota, dedicada a Huelva, que comenzaba:
"Huelva tacita de plata, 
de mis dulces embelesos..."

Los carnavales de Huelva tenían cuatro días principales: Domingo, Lunes, Martes de Carnaval y Domingo de Piñata, que clausuraba los mismos.

Un mundo poético, claro directo y con sentido del humor.

En aquellos carnavales había participación popular. El ambiente estaba en todas las calles céntricas y en los barrios. Se arrojaban unos a otros los típicos papelillos, confetis, serpentinas e incluso dinero (las perras gordas; perras chicas y hasta los duros de entonces). El ambiente precisaba que se instalasen puestos ambulantes de caretas, plumeros, papelillos, gorritos, carrasqueñas, confetis, serpentinas, etc. Era lo más normal ver en esta calle máscaras con bocas desmesuradas, disfraces ájidos y llenos de manchas, pastores titubeantes, mosqueteros borrachos y lúgubres mamarrachos, y en las cercanías del Real Tetaro (el nombre, en tiempos de la República, fue sustituido por el de Gran Teatro), pierrots lívidos y marqueses arrugados.

Los viejos héroes nunca mueren.

Los bailes de Carnaval se daban en el Teatro mora, sito en la calle Gravina. En el mismo corralón se encontraba el Orfeón onubense. En el citado teatro la carpintería de Andrés Bravo montaba un entarimado que iba desde el escenario, lugar donde estaba la orquesta, hasta el patio de butacas.

Reformista, en la calle Zafra - Radical, era un amplio salón situado en la calle Berdigón. Las compañías de teatro "Hermanos Quintero" en la calle Puerto. exacvtamebte donde tiene la empresa Arcos sus almacenes. -Teatro Benavente, en la carretera Matadero. -En la Isla Chica existía un colmado donde también se daban bailes de Carnaval. El propietario era el conocido diestro "El Niño de la Isla".

Antonio José Martínez Navarro

Revista Carnaval nº 1 / 1987

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