sábado, 24 de marzo de 2012

2012-PREGON DE D. JESUS MANUEL PEROJIL VILLAR

  PRIMERA PARTE


    Con la oscuridad dueña de la bombonera del Gran Teatro y el sonido de fondo de una estación de trenes se escucha:

  ¡Atención señores pasajeros!: El tren con destino a ninguna parte va a efectuar su salida de la “Estación de los Recuerdos”.

   En la partida del tren se van escuchando pequeños fragmentos de las agrupaciones que Jesuli Perojil trajo a las misma tablas del Gran Teatro, mientras el espera sentado con guitarra en mano en un banco de la recreada estación imaginaria.

   Un cañón de luz enfoca al pregonero, que puesto en pie y acompañado de escuetas notas salidas de la guitarra que porta, entona casi a capela un pasodoble con música de “Los Viudos Alegres” de 2009, vestido con una letra expresa para la ocasión.


Y que más quieres que te diga
que no te haya dicho cantando.
Son veinte años aquí arriba
que son más de media vida,
y aquí sigo pregonando.
Contigo he llorado y reído,
contigo he perdido y ganado,
sabes bien que siempre ha sido contigo
con quien tuve mil motivos para perder la razón.
¿Di que más quieres de mi…de este loco corazón?.
No presumo de pregonero,
porque pregonero es cualquiera
que se sienta carnavalero
llevando a Huelva por bandera.
Mi pregón es el de tantos compañeros
que se suben en el tren de este febrero
dando la vida entera.

   Este pregón es de mi gente más fiel, la más valiente, los que dan por mí la cara en estas tablas. Que este pregón es de los míos, los que llevan mi “apellío” y de los que llevo en el alma.
   Y es que este pregón es de todos aquellos que algún día subieron a mi vagón. Cada uno a su manera fue poniendo su granito de carbón y entre todos hicieron que mi tren siempre llegara a la estación.
   Y es que este pregón no es ni bueno ni malo, pero me salió del corazón. Me lo arranqué del alma y le puse toda mi pasión. Qué más quiere que te diga, si hoy no te entrego mi pregón te estoy entregando mi vida.


   Doy comienzo este viaje que para mí… será tan apasionante como eterno, con la única intención, de haceros cómplices de mi locura.
   Sois…los espectadores de excepción, de este viaje sin retorno al fondo de mi corazón.

   Estoy nervioso, he de reconocerlo, a pesar de estar aquí, como quién dice…en familia…rodeado de los míos. Pero precisamente por eso, por ser esta mi casa, la misma casa donde tantas veces soñé despierto y lloré dormido. Esta misma casa que te puede hacer un gigante o convertirte en algo insignificante. Esta casa, donde se vende cara la gloria pero es gratis el fracaso. La misma casa que ha sido, y se bien lo que digo, tan cariñosa como injustamente desagradecida con muchos de mis compañeros de viaje, algunos de ellos bastante cercanos a mi…¿Verdad, Diego Vega?. ¿A que sabes de lo que hablo?.

   Pues bien, en esta nuestra bendita casa, el grado de responsabilidad se multiplica por mil, por lo menos así lo siento yo. Y el día que deje de sentir ese cosquilleo en el estómago, dejaré de subirme a estas tablas… además, es la primera vez que me encuentro aquí, frente a ustedes mismos, mi público, sin mi inseparable guitarra entre mis brazos, al menos de momento. Pero sobre todo, sin el respaldo incondicional que mi grupo me brinda como escudo, y eso me incomoda, y me hace sentirme torpe y vulnerable. Ellos son mi muralla, mi barrera… Su ausencia hoy aquí, me hace sentirme desnudo, frágil, pero supone un nuevo reto y a un servidor los retos le encantan.

   Y no están aquí por una decisión personal mía, en contra de la voluntad de todos ellos, porque se que les gustaría estar aquí arriba y al contrario de lo que pueda parecer, no es una cuestión de protagonismo o egoísmo personal, al revés, su ausencia los convierte en más protagonistas si cabe. Se ve que me falta algo, hay, como lo diría…, demasiado escenario para este escuálido calavera, además, por si alguien lo dudaba, los estoy echando de menos desde el mismo día que decidí hacerlo solo, simplemente he querido que hoy lo disfruten desde abajo, ellos se lo merecen.

   A lo largo de este viaje me acompañarán de una manera u otra, los de siempre, los que se que estarán ahí, porque siempre han estado, y estarán algunos otros que no querrían estar, incluso estarán algunos que yo no querría que estuviesen, pero que le vamos ha hacer, veinte años dan para mucho.

   Con las maletas llenas de ilusiones, cojo este tren en marcha que no se hacia donde me llevará, pero que de momento me ha llenado de recuerdos el corazón y me ha hecho, y siento decirlo así, sentirme orgulloso de mi mismo, de lo conseguido hasta la fecha y de haber llegado hasta aquí, con las mismas ganas que el primer día. Orgulloso también de mis amigos, de mi familia y de esta bendita fiesta que un día entró en mi vida, espero que para no salir nunca.
   Uno es carnavalero de por vida, en activo o en la distancia, pero lo es para siempre, eso ya no se puede cambiar, es como un tatuaje, un símbolo, una marca. Llamarlo como queráis, pero es algo que te acompañará a donde quieras que vayas.

   Soy de los que defienden el carnaval como un estilo de vida, una manera de ver las cosas desde otro punto de vista. Me atrevería a decir que somos hasta más felices que el resto de los mortales, aunque eso a lo mejor es mucho decir, porque yo, justo después de algunas finales, de cuyo año no quiero acordarme, feliz, feliz, no es que estuviera, pero bueno…, no deja de ser curioso hasta que punto el carnaval forma parte de mi vida, pues durante una conversación normal, puedo decir tranquilamente que conocí a mi mujer el año de “Piropo”, que me casé el año de “Los Borjamaris”, que mi padre se me fue el año de ”Los Vázquez”, o que mi hijo nació el año de “Las Sobrinas”….
   Y esto es así, cuando tienes que pensar una fecha, llegas antes pensando de que ibas disfrazado en ese momento. Por eso dicen que los carnavaleros no cumplimos años, cumplimos carnavales. Y no es un tópico, os lo aseguro.


   Este pregón no pretende nada más que entretener, no busca ser el evangelio, ni la palabra sagrada del carnaval. No busca ser la voz de la conciencia, ni la verdad absoluta, simplemente dejará constancia escrita de que Jesuli Perojil pasó por aquí y se dejó la vida para que este tren no parase nunca. Recoge parte de mis recuerdos, mis vivencias, mis anécdotas y parte de lo que puedo y creo que debo contar de mi vida carnavalera.

   Seguramente de alguna de las cosas que cuente habrá una segunda versión, y puede que hasta una tercera, pero yo cuento la mía, que es la que he vivido y de la que puedo dar fe. Los demás, que cuenten lo que quieran. Será por contar, si aquí nos encanta contar, y sobre todo criticar, emitir juicios de valor sobre personas que ni siquiera conocemos, porque esta fiesta no deja de ser el más puro reflejo de la vida misma.

   En este bendito tren…hay demasiados revisores y muy pocos pasajeros.

   Este pregón, no lo duden, está escrito con el corazón y seguramente de forma desordenada. Voy dando saltos, buceando en los mares de la memoria, rebuscando en el baúl de los recuerdos. Los momentos vienen y van, como los trenes. Es seguro que habrá cientos de cosas que se me olviden, o que yo quiero pasar por alto, todo no puede caber, algún nombre no estará, por lo que si alguien se ve representado en mi olvido, espero que sepa disculparme, y que no dude de que si no está en este pregón, estará en algún rincón de mi corazón.

   Lo que es indudable, es que este pregón que acabo de comenzar girará entorno a los míos, no podría ser de otra manera.

   Este es mi momento y he decidido hacerlo así. Este es mi homenaje a todos ellos, es mi manera de agradecerles a todos, lo que han hecho y hacen por mi. Me siento afortunado al tener una familia tan grande…y con tanta buena gente, porque en el fondo es eso lo único importante, que somos una gran familia.

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