Ayer tu coro se estrenó sobre las tablas del Gran Teatro Falla, fue una noche cargada de emociones, aunque ya el día se las trajo. te busqué en el autobús, pero no obtuve signo o señal de ti, aunque tu presencia era palpable, casi te podía oler entre nosotros. Como sabes este año decidimos salir contra todo pronóstico y te mentiría si no reconociese que ha sido una ardua tarea ponernos a la altura de l@s compañer@s, por tiempo y sobretodo por concentración. Pese a lo que cualquiera pudiese pensar, ya estamos a una altura de la vida en la que no pido permiso, ni necesito aprobación salvo de ti, pero ya no estás y mucho menos preciso de dar explicaciones. Este año me ha tocado a mí aprovecharme del Carnaval, en el buen sentido de la palabra, ya que nos ha servido de terapia, las noches de ensayo han sido sesiones reconfortantes, donde todos los componentes nos han arropado, nos han besado, nos han abrazado, han llorado con nosotros y nos han hecho sonreír, nos han oído o simplemente acompañado en la batalla que estábamos librando, incluso después del desenlace final. Por todo ello les estaré siempre agradecido y sabes que en eso soy increbrantable.
Era martes y trece pero las señales auguraban que llevaríamos a buen puerto nuestro propósito. Ya en la sesión de maquillajes bastó con que fueses nombrada para que el mundo se derrumbase como un castillo de naipes, pero ahí estaba nuestro coro, a la altura de la amistad y familiaridad que lo ha ido forjando. A orillas de La Caleta con un mar entre olas bravuconas anunciaban la lluvia que se nos avecinaba y que impediría realizar el pasacalles, mi sol no estaba y esa tarde al tímido Lorenzo lo vi perderse en la letanía en un concierto con más sombras que luces. Recorrimos las calles casi sin pensar entre paraguas y plásticos hasta llegar al teatro y a cada paso recordé los que anduve contigo en tiempos pasados, con el coro, con la chirigota o la comparsa… toda una vida, la que se nos fue de las manos después de más de cuarenta años.
Calentamos voces y te buscaba también bajo los libros, pero el tuyo no estaba entre ellos, ya se había terminado de escribir y con la tapa cerrada lo llevaba escrito en el corazón y, haciendo de tripas corazón me bebí la sal de los ojos, y alcé la voz por encima de la pluma negra que por tí portaba en la chistera, mientras mi fiel compañero de bajos me apretaba la mano como un hermano. No quise llevar la cámara que tantas veces te inmortalizó, así que usando más la retina y la memoria grabé cada momento, me puse la máscara como armadura y pisé las tablas donde estaba tu hija hecha una bobina de sentimientos con las agujas de una costurera atravesando su alma mortal, echa una niña de nuevo, nos cosimos a besos y nos repartimos los pespuntes del dolor antes que se alzara el telón.
Los músicos llevaban crespones negros en bandurrias, laudes y guitarras y cada acorde se acordaba de ti, la música fluía en armonía cuarteta tras cuarteta como un canto de melancolía aunque de alegría se vistiesen sus compases, las musas entre lunas, mariposas y estrellas eran el reflejo de la magia y el amor que tú desprendías en cada beso, en cada abrazo, en cada sonrisa…crespones en los pechos doloridos que en esa noche latían por tí. Tu sombrero, el del pasado carnaval, el del amor, que como dijo el poeta tu no te disfrazaste de amor, fue el amor el que envidioso se disfrazó de tí, era sacado a escena una y otra vez por las manos inocentes de una niña que trataba también de disfrazarse de manera sublime de las manos de su madre, aquella que como tú dejó en herencia este bendito veneno llamado Carnaval.
La noche fue a más y el Falla recibió a la comparsa de una saga carnavalera a la que hemos tenido el honor y el orgullo de pertenecer, la de los Giraldo, nuestros niños este año escriben sobre la arena, al contrario que nosotros que escribimos en piedra para que lo nuestro no se lo lleve la marea, en la quilla de una barca grabaron tu nombre y en una cuarteta del popurrí, casual o no, aunque no creo en las casualidades, me desnudaron el alma y pusieron mis pensamientos en sus voces llevándome a un mar donde estabas tú, mientras varado como barca en la orilla te espero sumando lágrimas sobre la arena como las cuentas de un rosario hasta el día que los vientos y las mareas te traigan con la parca para llevarme contigo… te echo de menos amor.
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