domingo, 24 de julio de 2016

1998-REVISTA OFICIAL "Antonio Ramírez Almanza, Diputado de Cultura de la Diputación de Huelva"

CARNAVAL HUELVA / CARNAVAL COLOMBINO "Por Blas Miguel Hernández"


Aires nuevos y renovados llenan el Carnaval de nuestra provincia. Hasta el extremo de haberse perdido, en parte al menos, su sentido primigenio. Por eso, al contestar gustoso a la solicitud de la FOPAC, quisiera reflexionar en este saludo sobre el sentido histórico de la fiesta.

El Carnaval, como otras festividades populares, también es hijo del cristianismo, pero hijo adoptado. Lo simbolizan don Carnal –la libertad para comer carne en el más amplio sentido de los tres términos- y Carnestolendas lo concluye. La moral tradicional autorizaba pasajeramente la satisfacción de los apetitos reprimidos, que la Cuaresma establecerá acto seguido.

Pero, al margen del significado religioso, el Carnaval tiene una significación social y psicológica, una función equilibradora que es preciso no olvidar: se tolera desde la burla política a la “acción represible”, sea cual sea su naturaleza. Con la hipocresía, además, de que los rostros se ocultan en la máscara, cuando todo el mundo sabe quién anda tras ella. A un tiempo, en los distintos espacios de su celebración se posibilita la ficción de representar, fingidamente pero con fuerza enorme, el protagonismo, social que no se tiene en la vida cotidiana; ser lo que no se es; hacer lo que, día a día, no se hace.

El Carnaval representa también en la cultura cristina el triunfo sobre el paganismo. Un triunfo relativo, pues la apoteosis del Carnaval daba paso a la Cuaresma: el “entierro de la sardina –en la capital sustituido por el choco-“solía ser por excelencia el gran día; al difunto se le llora y, si es verdad que un predicador acusa a don Carnal de todas sus fechorías, en el mismo acto público, sin solución de continuidad, las viudas corean su nombre y dan vítores entre sollozos por los días vividos.

La Cuaresma cambiaba el decorado. Los días se alargaron poco a poco, el trabajo coge nuevo ritmo (barcos y redes han de aprestarse; las viñas son podadas, comienzan nuevas labores en los campos…) y casa bien con la gravedad y el recogimiento del momento.

Hoy en el Concurso Provincial de Agrupaciones se muestran las setenta y nueve maneras de interpretar en nuestros días el Carnaval. Los referentes han cambiado, pero no tanto como para ver a lo lejos el primer sentido de la fiesta. En mi pueblo, Rociana, me lo refresca la lectura de caro Baroja y sus apuntes sobre “el vendedor de dátiles y babuchas”, el ama de cría, la señora y el caballero, el “alañador”, el zapatero, el torero y el toro.

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