domingo, 27 de noviembre de 2016

1987-REVISTA CARNAVAL "El espejo mágico"

CARNAVAL HUELVA / CARNAVAL COLOMBINO "Por Blas Miguel Hernández"

Erase una vez un pueblo de artistas, lleno de "grasia" y salero. Un buen día y por arte de "birli-birloque" nació en Carnaval. Una fiesta en la que cada "quisqui" puede disfrazarse y hacer muchas cosas más, como "cantar" y tocar algunos instrumentos, dibujar disfraces, soñar con puestas en escenas y con primeros premios que después se convierten en decepciones...

Erase una vez un pueblo donde de la noche a la mañana 400 artistas, "todos buenos", se disponían a llenar un escenario "desconocido". Cada uno quería cantar con su agrupación, cada uno quería lucir sus habilidades, y a veces algunos de ellos se quedaban en la cuneta, porque según el juicio del director correspondiente se iba de tono más de la cuenta.

El apartado, por la fuerza del despido infame, se sentía incomprendido y rumiando su venganza y buscando su consuelo, se dirigia a su casa y preguntaba a su espejito mágico: "Espejito, espejito ¿Hay alguien en mi peña que cante mejor que yo? Espejito, espejito ¿Soy yo, de verdad el mejor?"
   Ese espejito que ya estaba más o menos acostumbrado a las cosas de sus señor, que tantas veces había desafinado mientras se afeitaba, pero comprendiendo la servidumbre de su destino le respondió obediente: "Sí, eres el mejor aunque desafines... ellos también lo hacen..." y un vaho de vapor sudoroso surgía de la parte alta del espejo donde se supone que está la inteligencia de los mismos.
   Inmediatamente el "sujeto" suficiente y atormentado se decía: Ya tengo la solución. Me hago una peña, yo soy el presidente y a mí no hay quien me tosa, pero yo canto. Y cantó. 

   La ciudad, que no villa, aunque haya algunos villanos, seguía durmiendo confiada al sueño de los que saben que lo que haya de ocurrir llegará inevitablemente.
   Para nuestro personaje comenzó desde aquel día una historia de pesadilla carnavalera "sui generis". Día a día hablando con unos y con otros, convenciendo a los menos, visitando peñas, corriendo la "voz", consiguió tener su propia peña. Nuestro personaje respiró tranquilo. No eran muchos, pero sí suficientes para formar un grupo y así poder hacer lo que siempre deseó. Cantar como primera "figura" en su agrupación.

   Sin embargo las cosas no fueron tan fáciles...
El día de la inauguración de la peña todo eran buenos deseos y felicidad compartida por la generosa y gran familia carnavalera. Pero pasaron unos días... y había que hacer el grupo. Darle forma. Habría que escribir unas letras, hacer una música, dirigir la agrupación, decidir que papel representaría y, en fin, miles de todos esos mil y un detalles propios de una murga, chirigota, comparsa...¿De qué irían?

Por fin encontraron a un letrista que sugirió algunas cosas...Y comenzó a trabajar... Encontraron también a las demás personas con capacidad para tocar los instrumentos correspondientes... Pero ¿Y el director? No tenían director. Nuestro personaje estaba preocupadísimo y comenzó el rosario de visitas (una vez más a las demás peñas). Hacía falta un director, incluso, pensó lo tengo que decir "en tiempo de Carnaval", asía ahorró un poco de ídem (tiempo).
   Y encontró lo que buscaba. No tuvo que esperar demasiado porque, ya se sabe que, sobran "directores" aunque falten directores... Está claro ¿Verdad? Sigo con la narración. Aquel hombre todo "conocimiento y tradición canavalera", aunque solo había hablar dl Carnaval desde el año anterior al ver la cabalgata, tenía sin embargo un buen oído musical, y comenzó a probar voces, a tratar de conjuntarlas y, en definitiva, a "construir" un grupo uniforme. Y un buen día estalló: Sr. presidente, le espetó, o usted se marcha de la agrupación o aquí no haremos nada.

   A nuestro personaje, como pueden figurarse, le sentó aquello como un jarro de agua hirviendo pero no salió escaldado. Se salió de la peña, se volvió a poner delante de su espejo y volvió de nuevo al trabajo... A buscar más gente para otra peña. Y lo consiguió. 

Moraleja: No consulte mucho los espejos. Son malos consejeros.

José Manuel Núñez Lasso

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