domingo, 4 de octubre de 2009

1895-UN CICLON AZOTA HUELVA



Corría el año de 1895 y tan solo en los dos primeros meses del año se habían recogido más precipitaciones que en todo 1894, el mal tiempo era la comidilla de la ciudad de Huelva, así como de los pueblos de su provincia y las provincias limítrofes de Sevilla y Cádiz, en donde el temporal también se sació con las desventuras.


En las reuniones, en la prensa, en todas partes y en cualquier momento de cada día estaba presente el temporal y la eterna pregunta; ¿Cuando acabará esto?.


El 10 de marzo de 1895 sobre las nueve de la mañana, la vieja Onuba recibió uno de los ciclones más devastadores que recordase paisano alguno y que reino hasta bien transcurrido el siguiente día.
Transcribimos la narrativa de lo acaecido según se contó en el diario La Provincia en su edición del martes 12 de marzo del mismo año:




(Foto: corresponde a la primera mitad del s.XX. Bda. de la Reina Victoria con la carretera de Sevilla que trascurre hacia la Isla Chica. Se aprecia un puente sobre el terreno de la carretera por donde entraban las aguas, a la izquierda el campanario del Sagrado Corazón, construido en 1929)


EL CICLON DE ANTEAYER


   No hemos conocido día más imponente que el de anteayer.
Desde las nueve de la mañana viose que el viento Sudeste que había corrido desde temprano enviando algunos chubasco, se iba acentuando de tal manera, que a las once se hizo tan violento que causaba temor, oyéndose constantemente ruido de persianas, vidrieras y cristales de las farolas del alumbrado público que se rompían, unido al sordo rumor que producía la mar.



De doce a una se hizo el aire tan violento, que era difícil transitar por las calles so pena de ir expuesto ha ser derribado o a seguir el rumbo que le marcara el viento.
Como se hiciera tan perceptible dentro de la población el ruido del oleaje del río como si fuese embravecido mar, salimos con ánimos de asomarnos al muelle a ver el aspecto del río, que desde luego suponíamos imponente.



Al llegar a la calle Almirante H. Pinzón, vimos gente que retrocedía deprisa trayendo la alarmante noticia de que el río entraba ya en la población.
Efectivamente: al llegar a la esquina del cuartelillo de carabineros vimos la dificultad que había de pasar adelante, pues las calles Odiel y Gibraleón estaban cubiertas de agua, uniéndose esta con la de la entrada de la calle Almirante H.Pinzón. (Se hace alusión a las calles que a día de hoy mantienen dichos nombres y que trascurren paralelas a la actual Avda. de Federico Molina, en la zona de la Isla Chica. De la calle Almirante H. Pinzón  hasta la calle Gibraleón se traza una línea recta pasando por lo que en aquel entonces no existía, la iglesia del Sagrado Corazón y terminando en lo que conocemos hoy como Los Cuartelillos, en la calle Roque Barcia).  
Como la explanada del candelabro está algo más elevada así como la entrada del paseo del muelle, logramos pasar allí vadeando la corriente que se precipitaba por lo último de estas calles.
El espectáculo que se nos ofreció a la vista desde dicha explanada era imponente, pudiéndonos mantener en dicho sitio con gran trabajo, pues el aire casi nos derriba. 

El Odiel era un inmenso hervidero: sus olas gigantescas eran arrebatadas de la masa líquida por los torbellinos de aire que, elevándolas a gran altura, las arrojaba con fuerza a grande distancia, al mismo tiempo que parecía querer escupir de su seno un sin número de pequeñas embarcaciones que parecían saltar por el muro de la rampa.
Todos los barcos que se encontraban anclados en ese espacio de darnesa que forma el río entre el muelle del puerto y el de Río-Tinto, rompiendo uno de sus amarres y cadenas, otros garrando sus anclas, se habían precipitado sobre el muro antes dicho y sobre el muelle de hierro, chocando de modo violento, haciéndose pedazos sus cascos y tronchándose sus palos y antenas.
Las barandas del muelle de hierro se doblaban y partían en grandes trozos a tan terribles topetazos, y del maderamen del piso saltaban en grandes astillas los tablones.


(Foto: Detalle del muelle de Río-Tinto, al fondo de este la Estación de Sevilla. Final s.XIX y primeros s.XX)

Como monstruos salidos de aquel mar hirviente, veíanse a algunos hombres luchando a brazo partido con los elementos por salvar el barco, que constituye toda su hacienda o en cumplimiento del deber de defender los intereses a ellos confiados.
Un falucho de Ayamonte con carga de cal, al ser esta mojada, producía humareda grandísima, formando terrible contraste aquel simulado incendio.

Algunas balandras, candrais, laúdes y faluchos estaban ya en el fondo dejando ver los palos y jirones de su velamen, cuando nos retiramos de este punto, para ver lo que sucedía por la parte del muelle de madera.
Un tren sin máquina. Un bote en el paseo. Un kiosco de viaje.



(Antiguo Paseo del Muelle, primeros s.XX)

Cuando fuimos a tomar la entrada del paseo del muelle, sentimos detrás el ruido del tren de Zafra que venía como de la Estación de Sevilla, viendo con asombro, que eran solo tres vagones que corrían empujados por el viento hacia la Estación de Zafra.
La cancela estaba cerrada haciéndola añicos del topetazo que sobre ella dieron los vagones, entrando así en la estación.

Cuando dimos vista al paseo del muelle nos convencimos que era imposible pasar adelante. El río lo cubría por completo hasta la altura de los asientos de los bancos. En uno de los primeros de estos nos subimos, pues el agua seguía avanzando, cuando observamos que por paso que conduce a los talleres de la línea de Zafra salía nadando un bote el cual quedó varado en mitad del paseo, y el kiosco que sirve para la venta de los billetes de baños salía también nadando, muy tieso, sin volcarse ni nada, yéndose contra el restaurante de Vedia.



(Estación de Sevilla, 1901)

La estación de Zafra

A la Estación, propiamente dicho, no llegó el agua; más los jardines de las oficinas eran un lago en el que sobresalían cipreses, araucarios, rosales y otros arbustos: era aquello el mar del Sargazo.
La cochera, talleres, fundición y algunos almacenes estaban anegados. El muelle de esta Compañía estaba completamente cubierto por las olas, viéndose encima de el el vaporcito América, que había roto las amarras y había quedado varado sobre el muelle, estando en el mismo estado dos o tres balandras y algunos botes.
Allí vimos al director, señor Soto, y al ingeniero, señor Olanda, dando las convenientes disposiciones para que los barcos no quedasen sobre el muelle al bajar la marea, y para evitar que el agua no arrastrase varios millares de traviesas que están apiladas en el terraplén y que el agua casi las cubría. 



(Antigüa Estación de Zafra)


Al muelle de hierro

Cuando la marea comenzó a bajar y a descender la inundación del muelle, logramos pasar primero el muelle de madera, que era un depósito de broza, lona y otros despojos que en el habían dejado las aguas.
Ya en el muelle de hierro el espectáculo era imponente. Con suma dificultad podía por el transitarse. Cubrían la vía antenas, palos y velas hechas jirones de los diez o doce barcos que se habían hecho astillas chocando contra el.
La baranda de hierro de la parte Sur, estaba destrozada por completo y la casetilla del guarda-aguja derribada y hecha pedazos.
En la plataforma encontrábanse el Ingeniero director, don Luís Moliní, como capitán en el puente del barco, dando órdenes al jefe del muelle, señor Fernández y a dos o tres docenas entre buenos obreros y bravos marineros, trabajando como leones, los primeros en la defensa del muelle de las embestidas  que le daban los barcos contra el aconchados, y los segundos, embarcados unos en el vaporcito y otros en los botes, hacían heroicidades inútiles luchando con las olas, sin poder conseguir el objeto que se proponían, cual era separar a remolque las embarcaciones que chocaban contra el muelle.



(Muelle de Río-Tinto, primeros s.XX)

¡Se salvó!

El río vaciaba con extraordinaria corriente la inmensa cantidad de agua que el fuerte viento y la marea había hecho entrar.
El viento, no cejaba en su furia y siendo contrario a la corriente, la batía, produciendo en el canal del río oleaje imponente, que solo podía apreciarse en toda su importancia, desde donde nosotros estábamos, sobre la plataforma del muelle.
Los capitanes de los buques atracados al muelle discutían con el señor Moliní sobre la mejor manera de asegurar sus buques, pues temían que la venidera marea, de no cesar el fuerte viento, les había de dar que hacer.
Todo los buques anclados en el puerto tenían los hornos encendidos y las máquinas en disposición de funcionar para defenderse caso de faltar las cadenas, solo los atracados en el muelle tenían los fuegos apagados, confiados a que se asegurarían bien al muelle.
En la forma y manera como se había de hacer más seguro e amarre estaban ingenieros y capitanes, cuando oímos grande vocerío por la parte estribor del muelle. Nos asomamos y vimos venir con rapidez vertiginosa, impulsado por la corriente, un botecillo pequeño, para la pesca por los esteros, y en el un joven como de 22 años, que con los remos pretendía dar dirección al botecillo para sesgar la corriente. Esta le precipitaba contra el muelle, corriendo gran peligro si tropezaba con alguna de las columnas. 
Como por encanto vimos a los obreros del muelle sobre la baranda tirar varios cabos salva vidas, para que al pasar el del bote por debajo del muelle cogiese alguno de ellos, como al fin lo cogió; pero amante el pescador de su bote, en el que iban las redes y aparejos de pesca, pretendió salvarse el conjuntamente con el bote, y al tomar el cabo trato de afianzarlo al bote.
Al tironazo de la corriente el bote gira con rapidez, choca de costado con una columna, salta en astillas que arrastra la corriente, se siente el cabo suelto y no vemos al hombre: ¡se ahoga! exclamamos todos. Los tripulantes de una pareja dan voces, y por señas dicen que el pescador se encuentra cogido a una columna, más desde arriba no se le ve y es imposible tirarle un cabo.
Hay momentos de angustia. A un hombre que viene hace tiempo luchando con los remos contra la furia de la corriente no debe quedarle mucha fuerza; la columna gruesa y difícil de abarcar con los brazos y el fuerte oleaje bien pudiera de ella arrancarlo.



(Vista parcial del puerto y Muelle de Río-Tinto, primeros s.XX)

Un valiente obrero salta la baranda con un cabo en la mano, e inclinando el cuerpo hasta poder mirar por debajo del muelle, logra ver al naufrago, y echándole con acierto el cabo, aquel lo coge, y tirando de arriba, logran ponerlo en salvo.
Solo supimos que era hijo de un tal tío Pepe Luís, que habita en la calle de La Palma.
El muchacho corrió hacia el dique por si lograba encontrar allí restos de su embarcación y artes de pesca.



(Inundación del muelle de Larache en 1926, Huelva)

La riada

Ya por agua  del río que asaltara por algunas partes la población, ya también por el agua llovida, se inundaron todas las partes bajas, principalmente las calles Tendaleras, Duque de la Victoria, Zafra, Rafael Guillén y otras muchas, produciendo no pocos perjuícios en algunos almacenes y casas particulares que se arriaron.
La fuerza del viento arrancó algunas monteras de cristales, y algunas paredes de edificios se vinieron a tierra.
El domingo 10 de marzo del presente año ha de ser fecha no olvidada en Huelva. Personas de más de sesenta años aseguran no haber conocido otro igual.

De los que más perjuicios han sufrido en la bahía, son; la señora viuda e hijos de Rodríguez, que creemos son tres los barcos que se le han destrozado e ido a pique; la señora viuda e hijos de Duclós, y don Rafael Manzano.
Los demás barcos perdidos son el laúd San José, de Cartaya; un falucho de Ayamonte cargado de cal, y otros, hasta el número de 12.


(Inundaciones del puerto en 1962)


Al vaciar el río veíanse arrastrados por la impetuosa corriente algunas vigas del depósito que don Gustavo Baranda tiene en el Molino de La Vega, palos y despojos de barcos, leña de montes y sin número de carneros, cerdos y alguna res vacuna.
En la ensenadilla del Dique recogieron algunos marineros varios carneros y un cerdo.
Sin duda el río al cubrir casi por completo las marismas desde Huelva a Gibraleón, ahogaría bastante ganado que arrastró en su descenso. 

En el casco de la población volaron muchas chimeneas, tejas, ladrillos, cornisas y algunas monteras de hierro y cristal, cayeron algunos cobertizos y varios muros, se rompieron infinitos cristales, y en las inmediaciones de la población, y aún dentro de ella, en huertos, corrales y jardines, el viento hizo muchos destrozos, arrancando muchos árboles y arbustos; por fortuna no ha habido que lamentar desgracias personales, por lo menos nosotros no conocemos ninguna.

En el jardín de la casa de Riera (La Placeta), arrancó el viento una grande y hermosa palmera.



(Avda.Hispanoamerica. Inundaciones del puerto en 1962)

Como se temía que la marea de la noche había de ser todavía mayor, la pasaron en vela todas las familias que habitan los pisos bajos en las calles que fueron inundadas durante el día, más por fortuna, la marea, aunque correspondía en el orden natural ser mayor, no lo fue; pues el viento no fue tan fuerte y además había rolado hacia el S.O. no metiendo por consiguiente en el río tanta agua, alcanzando en su altura máxima 25 centímetros menos que la anterior.

En la mañana de ayer, sin haber dejado de soplar con fuerza el viento, se había llamado hacia el Oeste, limpiando de nubes el horizonte, rápidamente empujadas hacia el E.


(Vista parcial nocturna del Muelle de Río-Tinto en la actualidad)


viernes, 2 de octubre de 2009

1820-1830-MOMO SE DIVIERTE EN LA VILLA DE HUELVA

El Carnaval de Huelva  puede rivalizar en antigüedad con el de cualquier ciudad española.


(Pintura panorámica de Huelva, s.XVIII-XIX: entre las torres de S.Pedro y La Concepción se aprecia el cabezo con el molino de viento, y en primer plano frente a la ría el Arco de La Estrella, situado en lo que hoy sería la Plaza 12 de Octubre aproximadamente.)


Llevado de la mano de historiadores de la época (sobre todo basándonos en las Memorias del gran pedagogo onubense Agustín Moreno Márquez) cómo se desarrollaban estas fiestas en las primeras décadas del siglo decimonónico.

En la villa de Huelva era costumbre, desde el mes anterior, dar bromas pesadas ellas a ellos y viceversa, tomándose confianza de tal índole, que otras fechas que no hubiesen sido las de carnestolendas hubieran podido parecer muy atrevidas.

Las chicas de servicio, por ejemplo, y otras muchachas de la misma clase, corrían tras de los caballeros para quitarles una prenda cualquiera, el pañuelo de bolsillo, el reloj, la capa o el sombrero, conseguido lo cual, se iban a la confitería o a la tienda de comestibles que estaba más cercana y empeñaban la prenda por algunas golosinas, caramelos o castañas pilongas. Naturalmente, los hombres esquivaban el compromiso, y cuando se veían cogidos por ellas, procuraban desquitarse dándoles empujones, y a veces, intentaban meter sus manos profanas en los ocultos pechos.

Pero mientras esto hacían las criadas de servicio, las señoritas mejor educadas, unas en las ventanas que antes tenían rejas salientes y con celosías y otras en los balcones, se tomaban confianzas y se daban bromas de mal género. Las de las ventanas, con un guante relleno de aserrín o de arena, amarrado en un largo palo tocaban en el hombro al caballero que pasaba, y cuando este se volvía para ver  a la joven que le había tocado, alargaba el guante y con el le daba una bofetada en el rostro; las de los balcones, en vez de guante, usaban unos saquitos llenos de tierra y amarrándolos por la boca con una cuerda larga los dejaban caer sobre la cabeza de los transeúntes derribándoles el sombrero, y por consiguiente, produciéndoles en alguna ocasión fuertes contusiones en la cabeza; mientras que otras más cultas, se aprovisionaban de un latón que llenaban de cáscaras o conchas de verdigones, coquinas y almejas , y arrollándole a una cuerda sujeta al balcón, lo dejaban caer dando vueltas produciendo un ruido de dos mil demonios, asustando así a los que por debajo pasaban.



(Coche de caballos en Huelva)

Pero cuando se desbordaban las bromas y atropellos eran en esos tres días de Carnaval, Domingo de Cuasimodo y Lunes y Martes de carnaval, y en los cuales se llegaba al frenesí de la locura, pues los hombres montados en ligeros carros, tirados por caballos, con grandes tinas de agua y provistos de jeringas, cargaban con el preciado líquido que lo dirigían a las señoras que estaban en los balcones y en las ventanas, mientras que ellas, armadas igualmente con el mismo instrumento, lo descargaban sobre ellos, produciéndose un tiroteo de chorros de agua, en esa especie de batalla campal, que a todos ponían como patos, de los pies a la cabeza, dejándoles en tal estado, como presuntos candidatos de grandes enfriamientos y a veces, de pulmonías.

Algunos onubenses tiraban la casa por la ventana y alquilaban un coche de caballos de dos plazas, cuya toldilla podía bajarse sobre la parte trasera  o delantera indistintamente, y en el cual se daban paseos desde las nueve hasta las doce de la noche. Se solía ir enmascarado, o sin máscara también, si así lo preferían, y hacían toda clase de mascaradas, a pie y a caballo, tirándole a los transeúntes libelos y pasquines jocosos. Y sobre todo se comía y se bebía con todas las ansias, como si tuviesen que esperar al siguiente Carnaval para poder comer y beber de igual manera.

Más tarde fueron superándose estas costumbres tomando las fiestas un carácter más culto, pues en una carroza suntuosamente adornada y con acompañamiento musical salía el dios Momo rodeado de sus locos servidores, con trajes muy vistosos; de los balcones, en vez de agua, se arrojaban papelillos de colores y confetis.
También recorrían las calles de la ciudad varias comparsas y estudiantinas, marineros y mujeres, unas con guitarras y flautines, otras con trombones y las últimas con panderetas cantando coplas alusivas a lo que iban representando y , a veces, picaban en asuntos políticos.
Sin embargo, no faltaban tampoco mamarrachos sueltos con su gracia repugnante por asquerosa o sucia: por ejemplo, una pareja simulaba ser matrimonio, el en calzoncillos y ella en camisa, llevaban dentro del canasto una escupidera llena de vino blanco con trozos de churros y tejeringos, fingiendo hacer la caca, la presentaban semejando ser orina y excrementos, y el marido, con un cucharón, ofrecía parte del contenido a los espectadores. Como este ofrecimiento no era más que pura fórmula, se lo repartían después ambos cónyuges y marchaban con su gracia mohosa a otra parte a continuar con el pitorreo.



(Calle Hospital, actual Mendez Nuñez)

Más tarde se empezó a celebrar el Domingo de Piñata en el Casino de la calle Hospital con bailes nocturnos, pero eso pertenece ya a los siguientes capítulos.

Fuente: Aquellos incomparables Carnavales de Huelva / Antonio José Martínez Navarro. 1988

jueves, 1 de octubre de 2009

EL ONUBENSE JOSE LUIS ORTA LOGRA CRUZAR A NADO
EL ESTRECHO DE GIBRALTAR





La distancia mas corta del Estrecho de Gibraltar es desde la Punta de Oliveros (España) hasta Punta Cires (Marruecos) con una distancia de 7.8 millas (14.4 Kilómetros) aunque, por las características del cruce, no es la travesía mas idónea para el nadador. La mayoría de los intentos se realizan desde la Isla de Tarifa hasta las proximidades de Punta Cires debiendo de nadarse entre 10 a 12 millas náuticas ( 18.5 a 22 Km.) debido a la influencia de las fuertes corrientes que imperan en el Estrecho. Solo en el caso de intentar la doble travesía (ida y vuelta) se puede contemplar el inicio del cruce desde la costa marroquí.







El factor fundamental que ha tenerse en cuenta en la travesía son las corrientes que en algún momento del cruce puede alcanzar mas de 3 nudos (5.5 Km/h) procurándose siempre que dicho momento coincida con la parte final de la travesía y de ese modo ayuden al nadador a ganar la costa marroquí aumentando considerablemente la velocidad de avance.



Generalmente la hora elegida para el cruce es dos o tres horas antes de la Pleamar y a ser posible con un coeficiente de marea medio (los coeficientes de marea varían en la zona de tarifa entre 0.4 y 1.2), lo cual, no significa que la travesía no pueda realizarse en cualquier condición de hora y corrientes dependiendo de las características deportivas del nadador y disponibilidad del tiempo de estancia en la zona. En caso de la no coincidencia de horas se puede intentar el cruce saliendo desde la Isla de Tarifa con corriente esperando que durante la travesía dicha corriente desaparezca y permita al nadador alcanzar la costa marroquí.






Las corrientes en el Estrecho son generalmente de dirección Este ya que predomina la influencia que tiene el aporte de agua desde el Atlántico al Mediterráneo por la alta evaporación de este ante las propias corrientes por diferencia de mareas. Todas estas influencias así como la especial orografía de la zona hacen que a lo largo de la travesía nos encontremos con corrientes de diferentes intensidades y sentido así como diferentes temperaturas y/o salinidad.



A la hora elegida para la salida normalmente nos vamos a encontrar con una contracorriente de dirección OESTE pegada a la costa que debe de ser aprovechada por el nadador para ganar espacio hacia poniente conforme se acerca la hora de la pleamar la corriente prácticamente se anula y es a partir de una hora después de la pleamar cuando esta va incrementando su intensidad con dirección ESTE momento en el cual el nadador debe de situarse en mitad de la travesía y en una demora sur de la isla de Tarifa para ir terminando la travesía ayudado por la fuerte corriente de la franja sur del Estrecho.




Las últimas travesías realizadas por este sistema han dado un alto índice de éxito y se reflejan en las cartas de navegación extendidas por esta asociación y confeccionadas en el Centro Zonal de Salvamento Marítimo de Tarifa (MRCC Tarifa) en una curva de concavidad hacia el oeste con una parte final casi recta con final en Punta Cires o sus proximidades y en algunas ocasiones casi en una recta que une la Isla de Tarifa y el punto antes mencionado.



Como conclusión diremos que el nadador comienza la travesía dos o tres horas antes de la Pleamar en un día de coeficiente medio y coincidiendo dicha hora con las primeras de luz solar con un rumbo SW hasta la hora de la pleamar que lo hará con rumbo Sur el cual mantendrá prácticamente hasta que se encuentre al oeste de Punta Cires donde nadará hacia la costa. La trayectoria del nadador es ploteada en todo momento tanto en la carta náutica del barco de apoyo como en las pantallas de radar del MRCC Tarifa lo cual puede llevar en cualquier momento a variar el rumbo del nadador si este se apartara de las previsiones antes descritas.


La elección del día para el cruce se hace basándose en la horas de pleamar (que estas coincida con las primeras horas del amanecer) y los coeficientes (que estén dentro de márgenes aceptables); como quiera que dichas condiciones se suelen cumplir para varios días, se determinan, para un mes concreto, una serie de grupos de días para los cuales se cumplen las condiciones idóneas de cruce. Solo cabe esperar que las condiciones de viento y mar sean las adecuadas ,pero ello es imposible predecirlo hasta al menos uno o dos días antes de la prueba, muchos nadadores han tenido que volver a su lugar de origen sin poder cruzar el Estrecho después de haber permanecido muchos días en Tarifa e incluso algunos han tenido que suspender la prueba debido a un repentino cambio de viento cuando llevaran varias horas en el agua.




Según el registro de ACNEG, 122 nadadores han salvado el estrecho a nado en la modalidad de traje de neopreno, siendo de 2.29h el record actual, frente a la peor marca registrada de 7.08 h.




Jose Luís Orta es el primer onubense que consigue cruzar el Estrecho




Enhorabuena ....CAMPEON!!!!!




Fotos: Federico Pérez

miércoles, 30 de septiembre de 2009

LA HORA DE LA VERDAD

...Hace apenas año y medio que llegué a pensar antes de la operación que nunca más volvería a nadar. Gracias a Dios no ha sido así. Y yo que me alegro.Por la noche, abracé la almohada y pensé......"Africa ya está más cerca", y me dormí mirando a Tarifa....






29/09/2009...escribo desde un hotel de Tarifa, mañana miércoles, sobre las 11 de la mañana.....

glup....glup....glup.......


Suerte campeón, cruces o no el Estrecho ya lo has logrado.

lunes, 28 de septiembre de 2009

LA CHIRIGOTA DEL CANIJO REUNE A 4000 PERSONAS EN EL TEATRO KIBON DE MONTEVIDEO

CARNAVAL HUELVA / CARNAVAL COLOMBINO "Por Blas Miguel Hernández"

La chirigota de Antonio Pedro Serrano, El Canijo, se despidió ayer de Montevideo con una multitudinaria actuación en el teatro Kibón, un espectacular emplazamiento al aire libre, situado frente al mar.



Más de cuatro mil personas quisieron seguir en directo la actuación de los gaditanos en la capital uruguaya, que además pudieron compartir el espectáculo con las murgas Arlequinos y Agarrate Catalina, así como con el grupo La sobrosa montevideana, que fue el encargado de abrir el festival.

El Canijo volvió a ganarse el corazón de los montevideanos con las letras de sus pasodobles y con la interpretación que llevó a cabo sobre el escenario, estableciendo una conexión inmediata con el público. Un contacto que estableció incluso con el concejal de Fiestas del Ayuntamiento de Cádiz, Vicente Sánchez, que tuvo que subir al tablado para participar en el estribillo de la chirigota dando un beso a uno de sus integrantes.

Posteriormente, la agrupación cerró su participación en este Primer Encuentro Iberoamericano de Carnavales compartiendo las tablas con una de las principales murgas de Montevideo, Agarrate Catalina, que le invitó a cantar el pasodoble 'Me han dicho que el amarillo' de Manolo Santander al estilo uruguayo y que acabó con un abrazo entre los dos grupos simbolizando el hermanamiento que existe entre los carnavales de Cádiz y Montevideo.

Con este acto, la Intendencia de Montevideo dio por concluido este encuentro de carnavales donde la capital gaditana ha adquirido un importante protagonismo con una delegación muy completa y la celebración de actividades como exposiciones, conferencias y numerosas actuaciones de la chirigota Las muchachas del congelao, también una de las grandes triunfadoras del evento, que seguirán sucediéndose a lo largo del próximo año en el que Montevideo culminará su nombramiento como Capital Iberoamericana del Carnaval.

A demás, el Ayuntamiento de Cádiz se marcha también con un buen sabor de Cádiz, ya que la asitencia a este acto le ha permitido arrancar el apoyo tanto de la capital uruguaya como de la capital de Argentina, Buenos Aires, en las votaciones que celebrará la Unión de Ciudades Capitales de Iberoamérica para elegir la captalidad del Carnaval durante los años 2011-2012 y donde Cádiz parece haber tomado la delantera.
 
 
Fuente: http://www.lavozdigital.es/

ISLA CRISTINA

CARNAVAL HUELVA / CARNAVAL COLOMBINO "Por Blas Miguel Hernández"

HISTORIAL - CLASIFICACIONES - AUDIOS - VÍDEOS
ISLA CRISTINA


2020-CARNAVAL DE ISLA CRISTINA










































domingo, 27 de septiembre de 2009

2009-LOS IMPRESENTABLES

CARNAVAL HUELVA / CARNAVAL COLOMBINO "Por Blas Miguel Hernández"

Murga
"Los Muariscos" -Málaga


Letras: Manuel Robles Carballo y Alberto Zumaquero Sánchez
Música: Alberto Zumaquero Sánchez
Dirección: Alberto Zumaquero Sánchez


Presupuesto: 2.100 euros


Tercer Premio Carnaval de Málaga 2009


Años anteriores:


2008-PA VIAE ER MÍO (2º Premio /2º Premio Rincón de la Victoria /3º Premio Arroyo de la Miel /1º Premio Tívoli)

2007-NO HAY TRES SIN DOS (1º Premio /1º Premio Rincón de la Victoria /3º Premio Arroyo de la Miel)

2006-LOS FRESCOS (1º Premio /2º Premio Arroyo de la Miel)

2005-VOY PA´BAO (1º Premio /1º Premio Loja /2º Premio Arroyo de la Miel /4º Premio Alhaurín El Grande)

2004-YA LLEGAN LOS CUARTOS (Semifinales /4º Premio Arroyo de la Miel)

2003-SALVADOS POR LA CAMPANA (4º Premio /4º Premio Arroyo de la Miel /1º Premio Torremolinos)

2002-LOS ISLÁMICOS (Semifinales /1º Premio Arroyo de la Miel)

2001-PUNTO DE MIRA (Semifinales)

2000-MUARISCOS (2º Premio) /DEBUTANTE

BASES CONCURSO DE CARTELES CARNAVAL ISLA CRISTINA 2010



(Pincha en la imagen)



Plazo de presensentación abierto hasta el 2 de Noviembre  a las 15 horas.

viernes, 25 de septiembre de 2009

VAMOS A DARLE UN EMPUJONCITO

CARNAVAL HUELVA / CARNAVAL COLOMBINO "Por Blas Miguel Hernández"
El Carnaval, a dos pasos de estar entre las mejores fiestas



El Carnaval de Cádiz está cerca de volver a recibir otro reconocimiento. Recientemente la fiesta gaditana lograba convertirse en uno de los Tesoros del Patrimonio Cultural Inmaterial, y ahora aspira a entrar en el ránking de las siete mejores fiestas de España.

Para ello, tendrá que contar con mayor apoyo de los gaditanos y simpatizantes del Carnaval en los dos días que restan para que finalicen las votaciones para la elaboración de la lista de fiestas, dentro de la iniciativa que organiza la web www.7mejores.es.

Concretamente el Carnaval de Cádiz está situado en el noveno puesto, mientras que el último escalón del ránking, lo ocupa la fiesta de los Moros y Cristianos, de Alcoy, separados por las Fiestas de San Isidro, de Yecla.

Las votaciones se cierran mañana sábado a las 00.00 horas. Hasta entonces, todos aquellos que deseen apoyar al Carnaval de Cádiz lo pueden hacer votando a través de www.7mejores.es, desde donde podrán enviar un e mail, o mandando un SMS con Fiesta Cadiz al 5767. Según confirmaba ayer la propia organización, “el Carnaval está a muy pocos votos de colarse entre las siete mejores fiestas de España”.



¡VOTA, EL CARNAVAL ES NUESTRA FIESTA!



Fuente: Andalucía Información

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